¡Hola, soy Laura! Esta nota la escribo junto a ellos, los EUCALIPTUS, en La Rueda.

El eucalipto o eucaliptus es una especie de árboles (y algunos arbustos) originarios de Australia, Nueva Guinea e Indonesia. La palabra significa «bien cubierto» (refiriéndose a la semilla en su cápsula) y el nombre científico es “Eucalyptus globulus“.

Yo desde pequeña siento una conexión muy fuerte con ellos, incluso, a mi círculo de relaciones más cercanas, suelo confesarles que en otra vida fui un eucalipto. Cuando de niña estaba frente a estos ejemplares, por alguna razón, me atrapaba su belleza y quedaba hipnotizada observando: su majestuosa copa de hojas, los colores de su tronco, las manchas que se formaban con las distintas tonalidades de la corteza, las irregularidades de sus nudos, y los rollitos de corteza que me recordaban a cuando sacaba punta a los lápices en el colegio.

Si bien nací y crecí en pleno barrio norte de la ciudad de La Plata (casi céntrico), desde pequeña (a mis 7 años) supe que quería vivir en el campo, compartiendo mi vida con caballos y rodeada de eucaliptus. Este sin dudas fue mi primer objetivo a largo plazo. 

Sencillamente fue la visión de mi vida, de cómo quería vivir y disfrutar esta vida. Los medios, los “cómo”, ya llegarían, pero el “qué quería” ya estaba claro. 

Luego, con el correr de mis años y por arte de la magia del Universo que, como he aprendido, nos va llevando a concretar nuestros sueños cuando sabemos qué queremos, fui tomando decisiones que me llevaron a vivir entre eucaliptos a mis 32 años. Concreté mi sueño. Hoy vivo en La Rueda de mi vida, dentro de la verdadera naturaleza, compartiendo con mi familia, los caballos y abrazada por los eucaliptus “del fondo”. Indudablemente, defino a este lugar como “mi refugio”.

¿Qué veo en los Eucaliptus? 

Dado que amo las experiencias y estoy convencida de que sólo a través de ellas nacen las respuestas y se deducen los más grandes interrogantes, obviamente, tenía que responder esta pregunta con una experiencia.

De esta manera, decido ir justo debajo de uno de los eucaliptus que en este momento me rodean (los de La Rueda). Instintivamente, miro hacia arriba y entiendo que ellos siempre saben ir hacia arriba, bien arriba. Son omnipotentes en su tamaño y en su sabiduría. 

En un intento fallido de ver el final de su tronco (digo fallido pues desde aquí no logro ver dónde termina), irremediablemente comprendí su mensaje. Estos árboles me dicen que no hay límites, no hay un techo o tope, “no busques el final porque los sueños son infinitos”. Debemos anclar bien fuerte las raíces y soñar la vida que queremos, sin buscar un límite/ tope/ final… SIMPLEMENTE SOÑAR… y en consecuencia, mientras más grande sea nuestro sueño, mayor deberá ser el desarrollo de nuestras raíces, anclando bien profundo en la tierra…

Las raíces (paradójicamente silenciosas) me hablan de valores tales como una familia sana y llena de amor, un flujo constante de aprendizaje y formación que nutra aquello a lo que decidamos dedicarnos y una base sólida de relaciones sanas y nutritivas.

Su corteza también habla. Tiene una particular forma de renovar su piel, su investidura: se descascaran. Cíclicamente, dejan caer unos curiosos rollitos de corteza para dar lugar a “lo nuevo”. Esto significa el cambio, el movimiento, la transformación constante del ser. Tenemos que aprender a dejar caer nuestras cortezas (en forma de simpáticos rollitos) para que puedan surgir cosas nuevas, desaprender para aprender…

Por esta razón, a la hora de preguntar ¿Qué veo en los eucaliptos? estoy completamente segura de que no sólo veo, sino que “siento” con ellos. Y finalizo esta redacción con una hermosa anécdota que me sucedió hace unos días.

Una noche, no podía dormir, me movía de un lado a otro de la cama sin lograr relajar el cuerpo para descansar, me encontraba muy movilizada y no lograba entender qué me pasaba. 

Esa noche, cuando mi pareja Vladi notó la situación, me preguntó qué me sucedía y yo instintivamente le pedí que me acompañara hasta los Eucaliptus porque confiaba que ellos podrían guiarme. Enseguida nos vestimos y nos fuimos hasta el fondo del predio, donde se encuentran los eucaliptus. En ese momento, estando ahí con la energía de estos magníficos árboles y en compañía de Vladi sentí una necesidad de abrazarlo y comprendí que tengo todo lo que deseo en mi vida: mi familia, un hombre al que amo y me ama, un espacio que permite transformar vidas (La Rueda), y mis Eucaliptus. ¡Qué más!?

Gracias por leer estos fragmentos! Y a ti, ¿qué es eso que te hace conectar con lo profundo de tu ser y te guía?. Te leo!! 

Comparte con tus contactos: